19 de abril
La isla ha abierto sus puertas a un flamante náufrago que parece
un
gángster.
El canciller de las palabras tristes ha gritado y han
temblado los nidos cubrecanas. ¿Cómo es la música que aguarda
a los muertos? ¿Con qué cara se entra al lugar que comprime tu
historia en dos crujidos?
Me interesa el último latido. Ese latido que transcribe lo que dice
el anterior sin saber que no habrá un siguiente. Su ignorancia es
la máxima expresión de pureza.
La muerte me excita porque siempre va vestida.
Si compensa verla desnuda es lo que llena los libros.
Los náufragos comienzan a perderse. Y yo con ellos. Puede que
la isla sea inconclusa o que las esponjas estén vomitando su
porquería sobrante.
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Poema bifurcado
Necesito hablaros de ti
para que escuches estos versos
que por vosotros escribo.
No te acongojéis si os sientes
como cuando se ingresa
en un principio sin historia.
Quiero
hablaros de cómo haces que
los días depositen en mis manos
su esencia de milagro,
contarte la descarga de términos que
me estalla cuando de ti os hablo,
confesaros sin temor a herirte que
me ofreces todo lo que
entre todos podéis darme.
Por favor,
no te ofendas si digo que
vosotros habéis sido mi patria
hasta que tú llegaste.
Permitidme que me sienta de ti
como si todos hubieseis nacido
mañana mismo.
Voy a deciros ahora cómo te llamas
para que sepáis el refugio
de los años que me acechan.
Se llama Jenn, amigos,
no os perdáis mi temblor inédito,
y tu nombre, mi amor,
es la raíz de mi gentilicio.
para que escuches estos versos
que por vosotros escribo.
No te acongojéis si os sientes
como cuando se ingresa
en un principio sin historia.
Quiero
hablaros de cómo haces que
los días depositen en mis manos
su esencia de milagro,
contarte la descarga de términos que
me estalla cuando de ti os hablo,
confesaros sin temor a herirte que
me ofreces todo lo que
entre todos podéis darme.
Por favor,
no te ofendas si digo que
vosotros habéis sido mi patria
hasta que tú llegaste.
Permitidme que me sienta de ti
como si todos hubieseis nacido
mañana mismo.
Voy a deciros ahora cómo te llamas
para que sepáis el refugio
de los años que me acechan.
Se llama Jenn, amigos,
no os perdáis mi temblor inédito,
y tu nombre, mi amor,
es la raíz de mi gentilicio.
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