Tú sabes
que estoy aquí a la altura
de tu boca,
a lo largo y a lo ancho de tu nervadura.
Aguzada a tu rumbo, y siempre estando,
y siempre siendo,
y siempre anticipándome a tu búsqueda,
liberada y sujeta
cosa tuya.
Tú sabes;
has medido la distancia,
que podrías tocarme con tu idea,
y empapar mi ternura
con tu lágrima.
Que resuenas
en el ámbito líquido
del golpe,
y que lates conmigo gota a gota.
Que te extiendes mÁs allá del contorno
de mi vida,
contenida
en el tiempo de tu órbita.
Tú sabes
que me guardas
limitado mi mar a tus orillas,
evidencia
que bebes y que mojas
y que tiembla en mi espuma
a tu caricia.
Tú sabes todo.
Razonas mi emoción como un teorema.
Yo fluyo solamente,
sin ideas,
estoy aquí a la altura
de tu boca,
a lo largo, a lo ancho
de tu nervadura,
siendo,
nada más que siendo,
tuya.
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Refugio
Entonces,
ciega y sorda, me abrazo a la poesía.
La aprieto contra el pecho,
la muerdo, la trituro,
me prendo a sus dos manos,
hundo en ella mi grito,
me aniño en su regazo,
sollozo en sus rodillas,
y encuentro que me acoge
piadosa a su ternura,
se adhiere a mi tristeza,
me entrega
gota a gota, su sangre, me amamanta,
me acuna, me adormece,
y en sueños,
poesía madre, le elevo mi plegaria.
«Sé lecho a mi cansancio,
sé sombra en este páramo amargo
en que transito
volcando ya mis pasos.
Sé el camino que busco, transvásame
tu esencia, conviérteme a tu imagen,
haz de mí, la elevada
poesía de poesía».
Y caigo ya sin fuerzas
de nuevo entre los hombres
que aplastan mis cenizas,
en tanto me perdonan
la culpa
de ser mártir.
ciega y sorda, me abrazo a la poesía.
La aprieto contra el pecho,
la muerdo, la trituro,
me prendo a sus dos manos,
hundo en ella mi grito,
me aniño en su regazo,
sollozo en sus rodillas,
y encuentro que me acoge
piadosa a su ternura,
se adhiere a mi tristeza,
me entrega
gota a gota, su sangre, me amamanta,
me acuna, me adormece,
y en sueños,
poesía madre, le elevo mi plegaria.
«Sé lecho a mi cansancio,
sé sombra en este páramo amargo
en que transito
volcando ya mis pasos.
Sé el camino que busco, transvásame
tu esencia, conviérteme a tu imagen,
haz de mí, la elevada
poesía de poesía».
Y caigo ya sin fuerzas
de nuevo entre los hombres
que aplastan mis cenizas,
en tanto me perdonan
la culpa
de ser mártir.
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